Patrimonio monumental
El patrimonio de Alanís incluye su castillo árabe, varias ermitas e iglesias históricas y elementos populares como las fuentes de Santa María y las Pilitas y las Cruces de Mayo, símbolos de la tradición local. h3>
El patrimonio de Alanís abarca su castillo de origen árabe, emblemático por su historia y ubicación estratégica; diversas edificaciones religiosas como la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves y las ermitas de San Juan, Nuestra Señora de las Angustias, Jesús Nazareno y San Miguel de la Breña; y elementos del patrimonio popular, entre los que destacan la Fuente de Santa María, la Fuente de las Pilitas con su leyenda, y las Cruces de Mayo en el barrio de Triana y las calles Nueva y Corredera.
Monumentos civiles: Castillo
Ubicación
El Castillo de Alanís se alza sobre un cerro estratégico al sur del municipio, en el noreste de la provincia de Sevilla, a 98 km de la capital. El acceso principal desde el pueblo se realiza por la calle Castillo, girando luego hacia la ladera este, más suave, para ascender hasta el recinto.
Historia
El origen de Alanís se remonta a tiempos celtas, cuando se conocía como Iporci. Durante la época romana pasó a denominarse Ordo Iporcensium, y con los árabes recibió el nombre de Al-Baniz, que significa “tierra próspera”. Según algunos, el topónimo podría derivar de la raza de perros alanos, originaria de la zona.
La localidad fue conquistada por Fernando III en 1249, pocos meses después de Sevilla, y fue escenario de disputas nobiliarias durante la Edad Media, especialmente en la crisis sucesoria de los Reyes Católicos y entre los linajes de Guzmán y Ponce de León.
El castillo, de origen árabe, fue reestructurado en 1392 y artillado por los franceses en 1808 debido a su importancia estratégica. Durante la ocupación napoleónica sufrió un ataque que provocó la explosión de su muro suroeste, conservándose hoy en ruinas. La leyenda popular cuenta que el castillo está encantado y que la morisca Acsia recorre sus pasadizos subterráneos conectados con la población.
Descripción
Se trata de un recinto pequeño de forma hexagonal irregular, con lados que van de 1,65 a 38,20 metros. Sus muros, de 2,3 metros de grosor y 6,5 metros de altura, contaban con un único acceso por el norte, desde donde se domina la villa. El castillo dispone de un torreón elevado y contaba con barbacana, hoy desaparecida.
Estado de conservación
Actualmente se encuentra en ruina parcial. Algunos muros presentan riesgo de derrumbe, especialmente en el sur y suroeste, donde faltan secciones importantes. Hace años, el Ayuntamiento llevó a cabo intervenciones sin permisos ni criterios técnicos adecuados, incluyendo el almenado artificial, el repellado con materiales inapropiados, la construcción de estancias interiores y el tapiado de la puerta principal. Aunque se sancionó al Ayuntamiento, estas actuaciones aún no se han corregido.
Protección
El castillo está protegido por la legislación española, desde la declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949 (BOE núm. 125), hasta la Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español, que establece el marco legal para la conservación y protección del patrimonio histórico en España.
Fuente: www.castillonet.org
Monumentos civiles: Ermita de San Juan
Tradicionalmente considerada como la primera parroquia de la localidad, esta ermita se erigió bajo la protección y cercanía del castillo, lo que pone de manifiesto su importancia en los orígenes del núcleo urbano. Sus características arquitectónicas permiten situar su construcción en la primera mitad del siglo XIV, aunque algunos estudiosos como Hernández Díaz, Sancho Corbacho y Collantes de Terán documentaron en 1939 la existencia de una inscripción gótica que atribuía su fundación, ya en el siglo XV, al caballero Cristóbal de Mosquera. A lo largo del tiempo, el edificio experimentó diversas fases de conservación y deterioro: en la Visita Pastoral de 1706 se describía como bien mantenido y con su altar en correcto estado, pero a mediados del siglo XIX presentaba un avanzado deterioro, tal como refleja una carta del párroco Manuel de Santarén de 1853, donde se denunciaba su estado ruinoso y el uso inadecuado del espacio. Ante esta situación, se solicitó ayuda económica al Arzobispado para su restauración, valorada en 2.000 reales, tras haberse producido incluso el hundimiento parcial del inmueble. Finalmente, a comienzos del siglo XX, ya constaba su reparación, según la correspondencia del párroco Antonio Martín de Alba en 1907.
Desde el punto de vista arquitectónico, se trata de un edificio de gran sencillez formal pero notable interés histórico, compuesto por una sola nave de planta rectangular, dividida en cuatro tramos mediante arcos transversales apuntados, una solución constructiva muy difundida en la arquitectura medieval de las sierras de Córdoba, Sevilla y Huelva.
El conjunto se remata con un singular ábside semicircular, elemento poco habitual en el mudéjar andaluz y más cercano a modelos románicos, y se cubre con techumbre de madera. Destacan especialmente sus portadas, formadas por arcos apuntados de cantería enmarcados por otros decorados con motivos de cabezas de clavo, que guardan relación estilística con las de la parroquia de Nuestra Señora de las Nieves.
En cuanto a su patrimonio artístico, la ermita albergó diversas imágenes de carácter devocional, como las de San Juan Bautista, San Juan Evangelista, San Antonio Abad, Santa Ana y Santa Brígida, que en el siglo XIX se encontraban dispuestas sobre sencillos poyos. Resulta especialmente significativo el hallazgo, en 1906, de una imagen de Cristo Crucificado oculta en el interior de un tabique, hecho que dio lugar a importantes celebraciones religiosas y a una multitudinaria procesión en la que participaron más de 2.000 personas. Sin embargo, este patrimonio desapareció en 1936, en el contexto de los episodios de destrucción del patrimonio religioso durante la Guerra Civil. Años después, en 1939, los citados investigadores mencionaron también la existencia de una pintura mural representando el Bautismo de Cristo, lo que evidencia la riqueza artística que llegó a poseer este modesto pero significativo templo.
Razones para visitar
Descubre Alanís y sumérgete en su historia y naturaleza. Comienza tu recorrido visitando su imponente castillo, donde podrás preguntar por las leyendas que todavía viven en la memoria popular, relatos que acercan el pasado medieval del pueblo a quienes lo escuchan hoy.
Si viajas en septiembre, prepárate para retroceder en el tiempo durante las Jornadas Medievales de Alanís, un evento que convierte el casco urbano en una auténtica villa medieval y ofrece experiencias inolvidables para todos los visitantes.
Para los amantes de la naturaleza y la acampada, Alanís cuenta con una zona habilitada con agua potable y electricidad totalmente gratuita, apta también para caravanas, perfecta para disfrutar del aire libre sin renunciar a las comodidades básicas.
No puedes dejar de recorrer las fuentes repartidas por el casco urbano, antiguamente lugares de encuentro de los jóvenes y hoy rincones llenos de historia y encanto.
Si te apasiona la aventura sobre ruedas, Alanís ofrece un sinfín de rutas BTT que atraviesan sus paisajes serranos, ideales para los aficionados a la bicicleta de montaña.
La gastronomía local es otro de los grandes atractivos: prueba los embutidos artesanos y el jamón ibérico de la zona, auténticas delicias que conquistarán tu paladar.
Para los senderistas, el Parque Natural Sierra Morena de Sevilla brinda numerosas rutas que permiten descubrir la riqueza natural del entorno, desde bosques y arroyos hasta miradores panorámicos.
Finalmente, disfruta de un día de campo en los merenderos del Área Recreativa del Arroyo de San Pedro, escenario de la tradicional romería de mayo, un momento perfecto para convivir con la cultura y el entorno de este hermoso pueblo serrano.
Qué visitar
Comienza tu recorrido en el cerro del Castillo, emblema histórico de Alanís. Este recinto, de origen musulmán, fue reformado por el cabildo de Sevilla en el siglo XIV, convirtiéndose en un testigo silencioso de la historia de la localidad. Durante tu visita, no dejes de preguntar por las leyendas que envuelven sus torreones, donde se cuenta que existen pasadizos secretos que conectan la torre principal con la iglesia del pueblo. Muy cerca, se encuentra la ermita de San Juan, de traza gótica, que hoy acoge la Casa de las Artes, y desde cuyo mirador de la Loma del Aire se contemplan unas vistas espectaculares de la Sierra Morena sevillana.
Si tu viaje coincide con septiembre, podrás vivir la magia de las Jornadas Medievales de Alanís, una celebración que transporta a vecinos y visitantes a la Edad Media, con recreaciones, espectáculos y talleres que evocan el pasado de este enclave serrano.
Tras disfrutar del castillo, adéntrate en el casco urbano y recorre sus calles llenas de historia. Muchas viviendas conservan fachadas mudéjares y renacentistas, reflejo de la riqueza cultural que ha marcado a Alanís a lo largo de los siglos. No te pierdas sus fuentes naturales, como la de Santa María, con su escalinata, la de las Pilitas, y la famosa de los Caños, punto de encuentro tradicional de los vecinos, donde antaño los jóvenes se encontraban con la moza o el mozo de su interés.
En el corazón del pueblo se alza la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, templo del siglo XIV que destaca por su magnífico retablo gótico, una joya poco frecuente en Andalucía. Otros espacios de interés incluyen la capilla de Jesús Nazareno, con su venerada imagen que procesiona el Viernes Santo, y la ermita de Nuestra Señora de las Angustias, ubicada a 1,5 km del centro, donde se venera a la patrona de Alanís. A las afueras, a unos 6 km por la carretera de Malcocinado, se encuentra el monasterio de San Miguel de la Breña, enclavado en plena naturaleza y dedicado históricamente a labores agroganaderas.
Para los amantes del aire libre, Alanís ofrece infinitas posibilidades: puedes emprender rutas senderistas por el Parque Natural Sierra Morena de Sevilla o disfrutar de una jornada de campo en el Área Recreativa del arroyo de San Pedro, ideal para relajarse y conectar con la naturaleza.
Entorno, Parque Natural
Alanís se encuentra a 104 km al norte de Sevilla, en las estribaciones de la Sierra Morena y limitando con la provincia de Badajoz. Enclavada en pleno corazón del Parque Natural Sierra Morena de Sevilla, la localidad se ve regada por fuentes como Santa María, La Salud y El Pilarejo, así como por el arroyo del Parral. La riqueza natural del parque, declarado Geoparque, ha atraído desde tiempos antiguos a diversas civilizaciones, cuyos habitantes moldearon el paisaje aprovechando los recursos que ofrecía. Un ejemplo destacado es el Cerro del Hierro, declarado Monumento Natural, donde la extracción de mineral y la erosión de la lluvia han creado un espectacular paisaje kárstico, hoy punto de encuentro para aficionados a la escalada.
El entorno de Alanís combina sierras de lomas suaves, con zonas adehesadas de encinas y alcornoques, entremezcladas con bosque mediterráneo y cultivos de olivo y vid. En áreas más húmedas y sombrías, especialmente en los municipios de Constantina y Cazalla, se conservan castañares y los únicos robles melojos de la provincia, aprovechados tradicionalmente por su madera y varas. Junto al Centro de Visitantes El Robledo se encuentra el jardín botánico homónimo, que recoge una muestra representativa de la flora característica de Sierra Morena.
La red hidrográfica del parque también es clave en la configuración del paisaje y la historia local. Los ríos principales, como el Rivera del Huéznar, el Viar y el Retortillo, alimentan la vegetación de ribera y ofrecen lugares únicos para la pesca de la trucha, actividad poco común en Sevilla. Para los amantes del senderismo y el cicloturismo, la Vía Verde de la Sierra Norte permite recorrer el antiguo trazado ferroviario minero que une el poblado de Cerro del Hierro con la estación de Los Prados-Cazalla, pasando por el Monumento Natural Cascadas del Huéznar (donde el baño está prohibido, salvo en la playa de San Nicolás, aguas arriba).
La fauna del parque es igualmente impresionante: águilas imperiales ibéricas, reales y perdiceras surcan los cielos, junto a buitres leonados y negros, mientras que ciervos, jabalíes y otros ungulados habitan los montes públicos, como las Navas-Berrocal en Almadén de la Plata, donde es posible observarlos de forma sencilla.
El patrimonio cultural se completa con los diez municipios del parque, que conservan castillos árabes, iglesias y ermitas de tradición cristiana, y restos prehistóricos en lugares como Almadén de la Plata. Además, la región goza de productos artesanales de renombre, como los vinos y anisados de Cazalla de la Sierra y Constantina, los dulces de La Puebla de los Infantes, los aceites de Guadalcanal y Alanís, y los embutidos de El Real de la Jara y Almadén de la Plata. La gastronomía local destaca especialmente por sus platos de caza, siendo la caldereta de ciervo de Las Navas de la Concepción un ejemplo destacado de la tradición culinaria serrana.
En conjunto, Alanís y su entorno ofrecen una experiencia completa donde la naturaleza, la historia y la cultura se entrelazan, invitando a descubrir un territorio lleno de riqueza y encanto.




















































































